Louvre Lens

Alexia Basso - Departamento de Proyectos ERCO Iluminación

En diciembre de 2012 el Louvre inauguró en Lens, en el norte de Francia, su nueva delegación lejos de la institución matriz parisina. Concretamente se encuentra ubicada en la región Pas de Calais, conocida por su industria carbonera y pesada. Un museo del Louvre en esta región industrial deprimida fue una señal inequívoca para la resurrección de la antaño floreciente cuenca minera.

Mientras que edificios museísticos equiparables para la valorización de lugares a menudo llaman la atención con una arquitectura solitaria y monumental (Ej. Museo Guggenheim), el nuevo Louvre se presenta sobrio y abierto. El edificio construido en acero, vidrio y hormigón sobre una antigua explotación de carbón en un terreno de dos hectáreas, entabla un diálogo con su entorno.

El concepto parece haber tenido éxito: tan solo en los tres primeros meses acudieron al museo más de 300 000 visitantes. Esta afluencia podría deberse a la originalidad de su planteamiento: en lugar de copiar al museo más famoso del mundo, fue objeto de un desarrollo tanto conceptual como arquitectónico.

El proyecto, realizado por Sanaa, es fruto del concurso convocado en el año 2005 para el diseño de una nueva sede del museo fuera de París. Quedando como finalistas grandes arquitectos como Rudy Ricciotti, Zaha Hadid y el estudio Sanaa, fueron los arquitectos de este último (Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa) los que han unificado los elementos clave de este nuevo Louvre: el parque donde se encuentra ubicado, la idea de apertura y fácil accesibilidad, la simplicidad y riqueza de un diseño plano y abierto donde van a convivir obras de diferentes civilizaciones. Un laboratorio de futuro para formatos de exposición abiertos y no convencionales.

Para responder a los desniveles del terreno, y evitar sobredimensionar el edificio, el proyecto se fragmenta en volúmenes alargados de una planta, enlazados entre sí mediante una disposición fluida que se adapta perfectamente a la topografía.

El área de entrada, un cubo de vidrio transparente que evoca la famosa pirámide de Leoh Ming Pei de la sede parisina, pone de manifiesto la cercanía y la apertura con las que el museo quiere presentarse ante los ciudadanos. Una piel metálica reflectante de aluminio envuelve los edificios generando reflejos del entorno en armonía con el paisaje, la luz y las diferentes estaciones. El resultado es un conjunto de reflejos y transparencias, tan integrado en el parque paisajístico diseñado por Catherine Mosbach, que parece desvanecerse. Un diseño delicado, vaporoso, un modelo de arquitectura de fácil acceso, en contacto con la tierra, sensible a su belleza y abierto a la naturaleza.

El elemento central del museo es la Galerie du Temps, con una organización innovadora de la exposición: En una gran sala conviven obras de arte de diferentes culturas con el objetivo de ver lo que comparten; lo que tienen en común. En lugar de separar, en un espacio único están expuestos los objetos en orden cronológico, en lugar de enmarcarlos en categorías estáticas. Se trata de una decisión innovadora ya que lo tradicional en el Louvre es separar las obras por civilizaciones en diferentes espacios. Tal y como explica el mismo director del Museo Xavier Dectot, las más de 200 piezas expuestas proceden de diferentes culturas como Oriente Medio, Egipto, Grecia, Roma, Islam y Europa. El objetivo es presentarlas  de otra manera para poder contemplarlas desde una nueva perspectiva. Esto constituye una extraordinaria oportunidad de cambiar el punto de vista del historiador, así como atraer a un nuevo público.

De ahí que el concepto escenográfico del museo  de  Adrien Gàrdere se base en tres elementos clave. El más importante, no construir ningún espacio nuevo dentro de la arquitectura.  A partir de esta idea Sanaa diseña un increíble volumen; una galería de 3200m2, donde surgen los conceptos de no cerrar nunca y no reconstruir ningún volumen dentro.

Otro elemento clave es la decisión de no colgar ninguna obra en las paredes. Todo se ubica en el centro del espacio en pódiums e islas, distribuidos por cronología espacio-tiempo.  Esto permite el diálogo de 360º entre las obras. De esta forma, los visitantes pueden explayarse y moverse por todas partes.

Se introduce el aluminio del exterior en las paredes del interior dando lugar a una sensación de los “fantasmas” de las obras reflejados en las paredes.  Así se consigue un continuo diálogo entre el contenido y el diseño, el interior y el exterior.

La luz cobra una gran importancia en el diseño del museo.  El diseño de la iluminación se basa en el concepto de luz natural cenital de Sanaa. Tal y como explica Jeff Shaw, diseñador de iluminación de Arup, se busca un vínculo con el exterior, y la fuente de luz natural es perfecta por sus propiedades de reproducción cromática que realza todos los colores de la obra de arte. Se trata de convertir los objetos en parte integrante del espacio mediante la luz diurna.

La luz diurna varía en gran medida. A lo largo de un día, la gama puede ir desde la oscuridad hasta los 100.000 lux en un día de verano. La luz varía rápidamente entre 20.000 lux y 50.000 lux a medida que las nubes van pasando ante el sol. Los diseñadores de Arup tenían el cometido de superar este reto. Para ello se desarrolló un sistema que evitase la radiación solar excesiva mediante una persiana de láminas para la conservación de las obras de arte, y que a su vez viniese reforzado mediante iluminación led, siempre con el objetivo de mantener un nivel de luz constante. Se creó un sistema único que unificaba los dos tipos de exposición del museo: la permanente y la temporal. En el caso de las exposiciones permanentes se opta por un sistema de luz natural en el techo muy abierto, mientras que en las temporales, donde las obras son más sensibles a la luz, el techo está más cerrado.

Una construcción tan inundada de luz requiere un respaldo de luz artificial. La luz diurna tiene que convivir con una luz de acento sobre los objetos que se deseen destacar, y que a su vez dé la ilusión de que proviene de la misma luz natural.  De ahí las aperturas en el techo para el paso de la luz combinadas con rail electrificado y proyectores de ERCO de leds.

El proyecto busca una tipología de luz que interprete los espacios, permita percibirlos y vivirlos. La luz como cuarta dimensión de la arquitectura, principio guía del trabajo de ERCO, como fábrica de luz. La aportación cultural y el sentido de una buena iluminación es hacer de la buena arquitectura algo aún mejor gracias a la iluminación adecuada. El objetivo es hallar una solución adaptada a la utilización específica y a las particularidades arquitectónicas del proyecto, así como a las necesidades de percepción humana, teniendo en cuenta los criterios de sostenibilidad y eficiencia energética.

La luminaria es un instrumento, una herramienta de iluminación. El proyector que mejor se ha ajustado a las necesidades del Museo ha sido el de la familia Optec. Con sus diversas distribuciones luminosas de haz muy intensivo hasta extensivo para la iluminación acentuadora, los proyectores Optec satisfacen todos los requisitos de la iluminación en galerías y museos: acentuaciones contrastadas, bañado de objetos expuestos, iluminación uniforme de paredes o conos de luz de contornos nítidos para crear efectos de iluminación expresivos. Gracias a su luminotecnia innovadora, Optec aúna eficiencia y confort visual.

El cabezal de la luminaria está separado del equipo auxiliar, para lograr una gestión térmica excelente y potencias elevadas. Al mismo tiempo, mediante la combinación de un prisma y un cilindro se crea el efecto visual de volumen reducido y un diseño clásico. En virtud de su tamaño y del diseño sencillo condicionado por la técnica, las luminarias led de ERCO se integran también formalmente en el elegante concepto arquitectónico del Louvre Lens.

Entre los proyectores, los reguladores de contornos son los más utilizados en el Louvre, ya que posibilitan un cono de luz nítidamente delimitado. De este modo, mediante los proyectores de contornos se logran efectos fascinantes en los que por ejemplo, los cuadros y mosaicos iluminados nítidamente parecen emitir luz por sí mismos.

Otro factor clave para la elección de esta luminaria, es su flexibilidad a la hora de orientar: es inclinable hasta 270°. Las luminarias pueden ajustarse con precisión, a fin de lograr una orientación óptima del cono de luz. De este modo la luz va a parar exactamente allí donde la necesita.

Otro tema a tener en cuenta es el color de la luz que varía dependiendo de la exposición y del entorno arquitectónico.  Para encontrar un equilibrio de  la temperatura de color entre la luz natural y la museográfica uniforme, se define en 4000K la exposición permanente, pero una luz más cálida (3000K) en la temporal.

El led se reafirma como la mejor opción debido, entre otras cosas, al calor que se genera cerca de los paneles de cristal y del exterior. Presenta toda una gama de posibilidades en regulación, flexibilidad en el trabajo del museo, mantenimiento y limpieza, y además supone un ahorro económico no sólo en consumo sino también en la gestión de riesgos.

El uso de luz diurna y luz led permite ahorrar energía y costes, generando posibilidades de control sumamente precisas. Los Leds pueden regularse sin merma de la calidad de la luz, y gracias a su contorno nítido, posibilitan acentuaciones claras, constituyendo un complemento armonioso de la luz diurna.

Citando a Jeff Shaw, se avecina una revolución luminotécnica en los museos: «Creo que la mayoría de los grandes museos empezarán ahora a tomar seriamente en consideración los leds». El visitante notará poco este cambio. Y es que para Shaw, «el verdadero objetivo del diseñador de iluminación consiste en lograr un concepto de luz en el que nadie hable de la iluminación. Simplemente uno acude, disfruta del lugar, hace exactamente aquello que le apetezca y después vuelve a casa».

En definitiva, los arquitectos del estudio SANAA de Tokio y los diseñadores de iluminación de la firma londinense Arup han logrado convertir el Louvre Lens en un hito del panorama museístico mundial.

Arquitecto: SANAA, Tokio.
Planificación de la exposición: Studio Adrien Gardère.
Paisajista: Mosbach Paysagistes.
Iluminación museográfica e instalación: ACL Alexis Coussement.
Lighting Design: Arup, Londres
Iluminación: ERCO Leuchten
Fotógrafo: Iwan Baan

 
Comité Español de Iluminación